miércoles, 28 de mayo de 2008

Te preguntarás desde dónde hablo



Y la respuesta es tan simple, como decir que desde los anhelos del ser, de esa extraña fuerza que me mueve a vivir, a buscar e indagar en aquellos profundos rincones de mi mismo y de mi soledad. Esa fuerza que me golpea, como la mar a las rocas, que las labra lentamente con el Pasar de los siglos, así mi señor y mi dios toca cada una de las fibras de mi ser con cada golpe del destino y de la vida Eón tras Eón, hasta dar la sublime nota.


Así mi dios y mi señor me trabaja, me forja hasta que en algún momento hará estremecer la piedra más dura y el rincón más profundo , así se escuchará en esta crisálida de carne como una promesa al infinito aquel sagrado nombre y podré decir Tat tuam Asi y mi voz ya no será mía y en mi corazón ya no habrá macula pues mi destino estará hermanado con el universo.


Y cuando pienso en ti compañero mío, veo el fulgor de las estrellas en tus ojos, ¡es que a veces siento que tu corazón centellea!, ¡veo la vida que todo lo traspasa!, ¡veo la pureza del alma que no se mella!, que permanece prístina como en el primer instante y te veo anhelar y te veo sufrir, por que tú como yo amado mío conocemos de su Amor, porque como podrás ver nadie puede anhelar algo que no ha intuido, para intuirlo hay que conocerlo, por eso mi amor espero que en algún momento podamos danzar con las estrellas y ver el universo en nosotros...


Ser parte y porción conciente del amor, tu que eres mi amado, mi amigo y mi maestro, te espero mi compañero del alma, para que podamos traspasar el umbral de la ignorancia y juntos nos acerquemos a la sabiduría, al amor y al bien, yo no soy ni santa ni maestra ni nada, y la verdad es que estoy muy muy lejos de serlo, pero tengo que confesar que junto a ti me siento una mujer feliz, pues me traspasas el alma, cuando eso pasa te siento tan eterna como a dios mismo y me pregunto si es que no lo veo a Él a través de tus ojos

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